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Ideas sobre Paz negativa y Paz de Vida

Los investigadores por la paz han aceptado la distinción que han hecho dos grandes maestros -Johan Galtung y Adam Curle- entre paz negativa y paz positiva.

En este escrito con “paz negativa” se designa el rechazo, el NO, a la violencia entre seres humanos en cualquiera de sus muchas formas, desde el desprecio o la hostilidad hasta la amenaza de guerra o la guerra misma. Esa “paz negativa” es una dimensión de la paz, parece incluso que es la única, pero no lo es. Para entender su importancia, basta con señalar que la tarea de la paz negativa que tiene por hacer la humanidad, es desandar el camino emprendido durante miles de años que la ha llevado a dotarse de instrumentos de guerra capaces de destruir mil veces la vida sobre la tierra, desencadenar terribles guerras con millones de muertos por motivos falsos, y en 10 de los últimos cien años a batallar dos guerras mundiales.

Pero no menos importancia tiene otra dimensión de la paz, la paz positiva, que en vez de ser el NO a la violencia entre seres humanos es el SI al engarce entre sus vidas. Paz positiva es que se busquen, acerquen, encuentren, interesen, amen, disfruten, apasionen, eduquen, regalen, es que una vida haga algo por otra, por su sentido y dignidad sin calcular ni sopesar contrapartidas. Es paz de vida. Pero tiene un grave problema: Es hermana inseparable de la paz negativa, pero es hermana invisible.

Una figura de la tragedia griega, Antígona, expresó esa paz de vida al decir: “No junto odio con odio, sino amor con amor”.

La paz negativa y la paz de vida son dos componentes de la paz y nunca van sólas, ni siquiera cabe imaginarlas sólas. En el mundo real siempre forman una amalgama, entre las dos y con las violencias que hay en juego.

Todavía impera hoy el punto de vista dialéctico: la violencia es el No a la vida, por tanto el No a la violencia es el Sí a la vida. Yo creo que esta fórmula, operativa durante más de 150 años, hoy está exhausta y que el pasodoble de los Noes más que el paso al Si a la vida, está volviéndose una trituradora de vidas.

A la vida humana se la puede dar un Sí, sin tener que pasar por dos Noes. La paz positiva es este Sí a la vida. Pero a una vida ancha, que quiere vivir y vive engarzada con otras. Una vida que sufre lo que le toca sufrir, pero bañada por la alegría del convivir. Hay paz positiva en una sociedad allí donde cada cual da y recibe vida más allá de balances contables.

Las dos componentes de la paz ante la violencia

La relación entre la dimensión negativa de la paz y la violencia es palmaria, es de suma y resta: Por definición cuanta más violencia hay menos paz negativa queda, cuanto menos violencia queda, más paz negativa hay. Visto así, construir la paz negativa es lo mismo que disminuir la violencia y la guerra.

La dimensión negativa de la paz se encuentra en el mismo escenario y bajo los mismos focos que la violencia que rechaza, es tan visible como ellas. Se mide con el mismo metro la rotura de una tregua que la proclamación de una tregua.

Pero con la dimensión positiva de la paz es bien distinto:

1.- Puede haber y hay al tiempo violencia o hasta guerra amenazando y rompiendo vidas, y al tiempo haber entre vidas -incluso en bandos enfrentrados- lazos, ternura, apoyo mutuo, sostén, respeto, honra, convivencia, protección, lealtades, alegría, viveza, humor, apoyo mutuo, llanto y canto, paz positiva. Sigue habiendo y latiendo paz de vida debajo de la guerra y de la hostilidad. por muy totales que sean.

La paz positiva subyace a la violencia y la guerra tejiéndose en redes, formas y ámbitos acogedores muchas veces escondidos, las más de las veces ignorados. Si las cosas van bien puede ir gradualmente aflorando desde esos ámbitos recónditos hasta generar zonas de paz, con estructuras que le ayudan a sostenerse y una cultura que la hace valer y la alienta.

2.- La dimensión positiva de la paz no se separa de violencia y guerra por una raya divisoria, como hace la dimensión negativa. En contraste con ella, la paz positiva va a donde está la guerra y se entremete en ella, trata de enlazar con lo humano que hay en los seres humanos metidos en la dinámica de la violencia y guerra, propone complicidad y consenso, incluir al otro en un nosotros abierto, recuerda semillas sembradas en el pasado, crea ambiente en el presente y responde a la destrucción, el trauma y el dolor abriendo hacia el futuro horizontes de reconciliación. Sus fronteras más que separaciones, son ante todo vías de encuentro, enlaces. No forman un NO a la violencia, que se enfrenta desde fuera a la realidad, sino un SI a lo humano que se adentra en esa realidad.

Así obra ya, cuando aún no se ha logrado la paz negativa, la paz positiva socavando la violencia y la guerra, al tiempo que se enriquece, cobra aliento y porta más y más esperanza. Cuestiona y corroe la guerra y violencia vengan de donde vengan. La paz de vida es así factor de superación de guerra y violencia.

La paz positiva no se retrotrae sobre si misma ante una realidad marcada por la guerra y la violencia, sino que acompaña al “no” a ambas, que es el oficio de la paz negativa, engarzándolo con el “si” a la vida, que es su propio oficio, y llevando ese sí hasta las entrañas de la guerra.

Traducido al tratamiento de conflictos, significa esto “ser firmes con la materia del conflicto y honrar al otro”, es decir ir al encuentro del otro en busca del punto en que darle el sí.

El trabajo de paz no sólo debe de consistir en detectar, denunciar, llevar a tribunales, condenar, castigar y penar a la violencia y la guerra, incluso bombardeándola en clave de paz negativa, sino que puede y debe construir un respaldo en clave de paz de vida. Ese respaldo, que es ante todo cultural, consiste sacar a la luz, atraer la atención hacia y construir memoria de la riqueza de la vida en paz que subyace a la guerra y a la violencia, y que de otra forma queda tapada por la imagen de enemigo.

El resaltar y hacer memoria de esa paz la protege, potencia, genera solidaridad. A la vez, al tener eco en la sociedad y en el mundo, conforta y alienta a quienes están empeñados en ella, que se dan así cuenta del valor y significado de lo que están haciendo.

No se trata de mostrar sólo a víctimas de la carnicería de la guerra y la violencia como seres pasivos aniquilados y mutilados, sino de mostrar también el tejido en paz que esos seres humanos construyen con sus afanes, lealtades, fidelidades, quehaceres y compromisos morales. Se trata de ir por delante de la guerra y mostrar la paz para evitarla y no por detrás para lamentarla. Se trata de mostrar la flor de la vida para no tener que mostrar la sangre de su destrucción. Es corta y lúgubre la paz que sólo puede enseñar flores rotas y ensangrentadas.

La acción de castigo de la justicia punitiva es la respuesta en paz negativa a la destrucción causada por la violencia y el horizonte de reconciliación la respuesta en paz positiva. Es paz positiva que llega tarde para prevenir la violencia, pero guarda su memoria y previene su repetición en la medida en que propone una reconciliación.

Pero la paz positiva puede anteponerse a la violencia y no prevenir sólo su repetición, sino su primera actuación. La violencia en gestación antes de descargarse en actos tiene que haber dibujado un blanco con imagen de enemigo, es decir con la vida deshumanizada y demonizada a la que apuntar. Tiene que manifestarse culturalmente con imágenes antes de ser fáctica con hechos.

La paz positiva puede responder a la violencia cultural cuando aún no se ha descargado en acciones violentas pero ya amenaza al fijar su blanco con imágenes deshumanizadas y demonizadas de enemigo. Si consigue no quedar escondida sino manifestarse, salir a la luz, la paz positiva puede deshacer ese blanco y prevenir así que se descargue la violencia.

Así como la reconciliación requiere la verdad del pasado, no puede hacerse sobre un pasado oculto, la violencia no puede descargarse sin haber primero tapado debajo del blanco la paz positiva subyacente.

Capté los distintos rasgos de la paz de vida que aquí señalo al reflexionar sobre narraciones hechas en distintos talleres. Así por ejemplo recuerdo aún lo que contó una mujer acerca de una balacera en Amalfi, pueblo de Antioquia en Colombia. Está Amalfi como en un embudo, en el fondo de un valle rodeado de cerros. En su centro hay una iglesia colonial y adosada a ella una comisaría de policía. Cerca una casa con una cruz roja en el tejado, en la que vivía una familia que gestionaba una ONG.

Un frente de las FARC tenía rodeado a Amalfi y había empezado a atacarlo. Su superioridad era aplastante. Al empezar la balacera, los miembros de esa familia y más gente, no se quedaron escondidos y acurrucados, sino que se echaron a las calles a recoger a los niños que estaban jugando en ellas y llevarlos a la casa con la cruz roja en la terraza. Varios de ellos fueron corriendo a hablar con el comandante de las FARC a decirle: “Usted está al mando de lo que declaran que es el pueblo colombiano en armas. En nombre de lo que dice, no bombardee la comisaría de policía porque así destruye la iglesia colonial, la riqueza de nuestro pueblo. Negocie con nuestra ayuda su rendición.”

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Reflexión sobre Utoya, Noruega y nosotros

Otra vez nos toca llorar, la mano de un ser humano ha vuelto a sembrar la muerte donde menos lo pensábamos, en Noruega, un país próspero, civilizado, educado, de tradición cristiana, con una constitucion democrática de casi 200 años. Ha escogido además hacerlo en una isla en medio de un lago rompiendo así 68 vidas jóvenes llenas de sueños, afanes, amores; hiriendo de dolor y ausencia los lazos de cariño a ellos de sus seres queridos.

La respuesta humana inmediata y espontánea a ese horror inhumano es el abrazo emocionado que comparte el llanto y nos trae recuerdos. Así recordamos aquel 11 M de hace 7 años “Madrid llora” y también “Colombia llora”, “Rumanía llora”, “Marruecos llora”, que leíamos escrito a mano en las estaciones de Atocha, el Pozo, Santa Eugenia, Coslada.

Junto con ese abrazo, recordamos que ya al día siguiente, al salir Madrid a manifestarse en la calle, se empezó a oír la pregunta: “¿Quién y por qué? Queremos saberlo”. Era una pregunta bien necesaria porque al principio oíamos que había sido un atentado terrorista de ETA mucho mayor que todos los anteriores y el gobierno insistió tanto en ello que forzó una declaración de condena a ETA por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pero la verdad era otra – no era un horror provocado por ETA, sino por el terrorismo Yihadista- y costó muchos esfuerzos y tiempo, más de tres años, confirmarla como lo hizo la justicia en la sentencia del macrojuicio con más de 50 sesiones abiertas trasmitidas por la televisión y que ratificó el Tribunal Supremo, pero que siguen poniendo en duda fuerzas oscuras de nuestra maltrecha democracia.

¿Quién y por qué? Nos hace falta saberlo para entender dónde está y a qué se debe lo que nos amenaza y poder poner así los medios para conseguir que “nunca más” nos vuelva a golpear a nosotros ni a nadie como ya ha golpeado en Noruega.

¿Quién y por qué? Tampoco tiene en el horror de Oslo y Utoya una respuesta tan fácil como puede parecer a primera vista: Una sola persona, fundamentalista y que está mal de la cabeza. O incluso un loco perdido, como pretende su abogado defensor. Es mucho más que eso y más grave que eso.

Aunque el asesino no parece que haya tenido cómplices, no estaba sólo, sino muy acompañado y alentado en su odio al Islam y a los musulmanes. Como ha dicho Johan Galtung: “Es evidente que le habían politizado grupos islamófobos…….Vivía en una burbuja, pero no estaba sólo en ella” (Norwegens 7/22 “der Standard. at” 28.07.2011).

Josep Ramoneda acaba de exponer, lúcidamente, el “porqué” de Oslo-Utoya en un artículo que no tiene desperdicio (Josep Ramoneda “Islamofobia: El enemigo en casa” en El País 28.07.2011) :

Europa sufre una crisis que está empobreciendo muy gravemente a sectores de las clases medias y obreras que ya no contaban que esta pudiera ser su suerte. Europa asiste al espectáculo de la impotencia del poder político frente al poder económico que no hace sino aumentar el desprestigio de las élites, territorio favorable a los populismos de extrema derecha que se presentan como defensores del pueblo sano ante los poderosos corruptos. Europa vive en la crítica situación de ver cómo los Gobiernos rinden cuentas a los mercados y no a los ciudadanos. Europa contempla cómo, insensibles a las consecuencias de la crisis, los especuladores viven instalados en el principio de que todo es posible, todo les está permitido. Y el malestar es profundo. A diferencia de los años treinta, no hay en este momento un conflicto frontal de clases. Pero el deterioro de las condiciones sociales es grande y las desigualdades se acercan a los umbrales de lo insostenible. Entonces el chivo expiatorio fueron los judíos, ahora son los musulmanes y aquellos que “les abren las puertas”.

Hay doctrinas, cuya insistente propagación genera una bola de nieve del odio que, a partir de cierto tamaño, no hay quien la detenga”

“Los atentados terroristas de Noruega se producen en pleno auge en Europa del discurso ultraderechista de rechazo a los musulmanes”

“En los años treinta era el antisemitismo, ahora es la islamofobia la que canaliza los resentimientos, los miedos y las paranoias de una Europa en crisis económica, política y moral.”

Eso está ocurriendo no sólo en Noruega, también en otros países escandinavos e incluso en España y entre nuestra gente. Muestra de ello es el “¡moro de mierda!” que oímos tantas veces. Eso es caldo de cultivo de la islamofobia. Noruega nos muestra trágicamente como esa islamofobia no daña tanto al Islam, como a nosotros mismos.

Porque Utoya nos muestra cómo ese rechazo y odio al Islam llega a tal aberración que en nombre de una cruzada cristiana de Templarios planea sistemáticamente durante años asesinar y asesina con corazón de hielo a jóvenes de la propia familia -europeos desde siempre, demócratas, tolerantes, amigos de nuestro hijos, nuestros propios hijos.

La biología nos enseña que hay casos en que los anticuerpos que necesita un ser vivo para defenderse de un enemigo exterior que quiere penetrar en él y así dañarlo o incluso destruirlo, se vuelven locos y se dan la vuelta devastando al propio organismo que pretenden defender. En ese sentido Guillem Martínez ha señalado que este fenómeno ocurre también en el mundo de la cultura en lo que llama “enfermedades autoinmunes que se vuelven contra el propio cuerpo” (Véase: “Guillem Martinez. La cultura de la transición…” en Público, Fuera de lugar 26.09.2009”).

El nacionalsocialismo alemán, encabezado por Hitler, alimentó el odio contra los judíos e hizo de ellos el chivo expiatorio. Trató de exterminarlos y les hizo un terrible daño, la Shoa. Pero también hizo un terrible daño a los mismos alemanes que pretendía proteger: millones de familias quedaron sin padres y los vínculos entre generaciones dañados, al esconder por vergüenza los padres y madres a sus hijos los vínculos que habián mantenido con el nacionalsocialismo. En ese sentido, el nacionalsocialismo ha sido el anticuerpo loco con una acción devastadora hacia los alemanes que debía proteger.

Parecido está ocurriendo ahora y la islamofobia puede jugar el mismo papel que jugó hace 80 años el nazismo. El peligro que realmente nos amenaza no viene de fuera, como pretende desde los fantasmas de su burbuja Andrea Behring Brewik (ABB), que decide ser el Santiago Matamoros al defender a espadazos la cultura cristiana, para que expulsemos de Europa a los musulmanes o les exterminemos. De hecho así se convierte en un anticuerpo loco del que viene un peligro real.

Este peligro es especialmente grave precisamente en España por dos razones:

  • porque aquí en nombre del Islam se han cometido terribles atentados asesinos y eso brinda un fondo de verdad y dolor innegable desde el que es fácil hacer un ataque demagógico al Islam que puede rebotarnos y traernos espantosas consecuencias.Sabemos por una experiencia terrible que tenemos que protegernos ante una violencia terrorista que  se  ejecuta en nombre del Islam y que el anticuerpo loco no es la única amenaza. También lo es Al Qaeda. Pero  esa defensa necesita sostenerse en la verdad y en una justicia democráticas en busca de una paz abierta a ser compartida en convivencia.
  • porque desde hace mil años nos imbuimos los españoles un odio asesino al Islam.

Déjenme que me detenga aquí un momento porque sospecho que a varios de ustedes les parecerá desquiciado lo que acabo de afirmar. Bien, para muestra basta un botón, y les voy a servir dos botones, no para convencerles, que no lo voy a conseguir, pero si para inquietarles, que quizá lo logre:

El primer botón son las Coplas -tan cálidas y humanas- por la muerte de su Padre, que escribió Jorge Manrique hacia 1470

En las coplas 36/37 la Muerte dice a su padre:

“El vivir qu’es perdurable non se gana con estados mundanales,

ni con vida delectable donde moran los pecados infernales;

mas los buenos religiosos gánanlo con oraciones e con lloros;

los caballeros famosos, con trabajos e aflicciones contra moros.”

“E pues vos, claro varón, tanta sangre derramastes de paganos, (es decir, de moros)

esperad el galardón que en este mundo ganastes por las manos”

Es de hace más de cinco siglos pero a ABB le viene como anillo al dedo.

El otro botón es dos siglos más viejo y está en Burgos. Han bajado a un paseo y allí puede verse una fila de estatuas de obispos que antes estaban en la techumbre sobre la bóveda de la catedral. Parece como si estuviesen en sus casullas y mitras tras un partido de futbol y con el balón aún bajo la bota. Pero si uno se fija más, ve que los balones bajo sus botas son cabezas degolladas de moros.

Traten de incrustar a ABB en esa fila obispal. ¿Encaja?.

Y adivina adivinanza. ¿Por qué se llama Despeñaperros el desfiladero por el que se baja de Castilla la Nueva a Andalucía? Les doy una pista: Se puso ese nombre en 1212, el año de la cercana batalla de Las Navas de Tolosa.

Etc,etc…..

Pero en este laberinto se abre un camino esperanzador de seguridad humana que nos invita a entrar a todos y en el que ya han entrado los que parece que lo tienen más difícil: Dos asociaciones de afectados por el terrorismo yihadista, -“Mañana en Paz” formada por más de doscientas familias que perdieron seres queridos hace 10 años en el 11S y “Asociación 11M Afectados del Terrorismo” de mas de mil miembros que perdieron seres queridos tres años y medio después en el 11M- . Ambas asociaciones han sabido respaldar la justicia democrática para que lleve a juicio e imponga penas a los autores de esos asesinatos cometidos en nombre del Islam y al tiempo manifestar en público respeto a esa fé y renocimiento a la riqueza humana que hay entre los creyentes del Islam. Eso ha sucedido en las jornadas sobre el terrorismo jihadista. que ha organizado en mayo en Madrid la “Asociación 11M Afectados del Terrorismo”, y esto se manifiesta en las siguientes declaraciones que ha hecho “Mañana en Paz, Familias del S11” ante el horror de Utoya, que aquí cito:

….

“Al condolernos hemos de estar en guardia ante quienes con sospechas injustificadas generan miedo e incluso odio. Quienes inicialmente plantearon que el ataque terrorista de Oslo había sido realizado por musulmanes, han causado mucho daño a la búsqueda de justicia y paz.

Una visión desde el prejuicio no sólo genera odio y desconfianza, además divide y fomenta una intolerancia que no debe tener sitio en una sociedad civilizada.

Mañana en Paz sabe que hay periodistas íntegros que entienden que su misión consiste en buscar la verdad como algo sagrado y exhorta a los medios de todo el mundo a que traten de hacer lo mismo”.

Si a fín de cuentas de lo que se trata es de la seguridad y el sentido de nuestras vidas, peor nos orientan nuestros gobiernos y muchos de nuestros medios, que la confían a las armas, alianzas militares, guerras y a una justicia internacional interpretada y ejecutada con doble rasero, que nuestros afectados por violencia que, como estas dos asociaciones, buscan esa seguridad humana respondiendo a su pena y sus pérdidas causadas por violencia inhumana en empeño activo, abierto y noviolento por la verdad, la justicia y la paz.